viernes, 29 de junio de 2012

Tepito

He ido pocas veces a Tepito: iba con mis primos y mi tío paternos, a comprar fayuca. ¡Claro!, siempre se decía que ir ahí era peligroso, lo sigue siendo, por lo que me iba de pants (por lo demás casi siempre visto así) e intentaba ir despierto.

Luego fui con mis amigos, una vez acompañé a Paulo Riqué a comprar una grabadora, casi no entramos al mercado y compramos al inicio de un pasillo, pues era tarde y los puestos se estaban quitando: quinientos pesos pagó Paulo por una grabadora buena.

Después, o antes, fui cuando quería comprar un reloj Citizen Jewels. El que elegí era de carátula blanca protegida por una especie de cristal cuyo perímetro simulaba el corte de las piedras preciosas, éste era azul. El extensil, ¿se dice extensil o extensión o correa o cinturón o...?, ¡ah! mi esposa me lo acaba de decir, el extensible era negro de piel dizque de cocodrilo.

A un tío le gustó, me ofreció la mitad de lo que pagué por él, y se lo vendí ¿creo? meses después.

Lo que supe hace poco de Tepito fue que una de mis primas estaba estudiando homeopatía en una Universidad situada en el corazón de ese barrio.

A veces se me ha antojado ir a comprar ropa, relojes y -¿venderán libros?-, pues mis ingresos están a dieta. Sin embargo, tengo poco tiempo hay para ese viaje.

El pito lo metió la vieja maña de escandalizar cuando menos o más, según el bando, falta hace. Amlo mejor para opacar los cristales de Andrés, no el que viene cada mes, sino el que se va, -deprimido, desaliñado, defaudado- cada seis años. Espero que no pierda ahora, no porque sepa que lo mejor vendrá con él, sino porque... no deseo que la vieja Telepitos nos meta lo que se le antoja a ella. O sea, no deseo que esta imposición de votar por alguna de las pocas opciones, para hacerme creer que soy libre de elegir, sea aparte de eso el acto más simple todavía de cerrar los dedos y rayar los ojos.

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