martes, 31 de diciembre de 2013
lunes, 23 de diciembre de 2013
lunes, 16 de diciembre de 2013
lunes, 2 de diciembre de 2013
Cuidando a mi abuela Carmen
Junto a ti, en el hospital Adolfo López Mateos del ISSSTE, veo por la ventana las luces de las casitas en lo cerros. Casi árboles de navidad caídos. Tú, aunque en la cama, no estás caída. Así, en posición horizontal y con un rajada en el estómago, ya cicatrizando, reclamas, mientas madres, importunas como sabes hacerlo. Prefiero eso que balar y escurrir baba, a lo que tiendo. Recargo mis rodillas en un libro sobre Paz, y la cabeza en un brazo. Escucho el rumor de enfermeras y de los hombres que lavan el baño o se llevan la basura de los cuartos. Oigo el chirrido de los sofás en que los familiares de otros pacientes se mueven, dormidos o en duermevela. Me llamas, me gusta e incomoda que me llames. Me ordenas y suplicas a la vez, suplicas como otro modo de ordenar. No has comido en varios días, tienes suero, y ves en el líquido que sale de tu nariz y escurre por una sonda hacia una bolsita, sangre. No lo es, sale de tu estómago,pero no sé qué es. Que te quiero, que te mueva hacia atrás porque estás muy hacia la orilla, un poco más. Que te gire porque ya llevas mucho tiempo acostada sobre el brazo derecho, que te rasque la panza, que llame al camillero para que te gire porque yo no puedo. Me gusta ser útil. Quisiera serlo más, pero hago lo poco que puedo.
martes, 13 de agosto de 2013
en todo caso respiro mientras siento caer las últimas gotas y veo las figuras del azulejo:
pongo dos mamilas: las lleno de agua hervida y las tapo, y dispongo el racionador con la leche en polvo exacta para cada una
y me voy a
pero ya estoy cansado y si mis ojos van a sostenerse deben hacerlo apoyándose en muletas recargadas entre los párpados
pongo dos mamilas: las lleno de agua hervida y las tapo, y dispongo el racionador con la leche en polvo exacta para cada una
y me voy a
pero ya estoy cansado y si mis ojos van a sostenerse deben hacerlo apoyándose en muletas recargadas entre los párpados
domingo, 11 de agosto de 2013
Ya no soy niño, aunque me tiemblen las piernas algunas ocasiones y actúe irracionalmente con frecuencia. Del café al cabeceo, al potro de la silla atado, mis ojos van entre las letras: entrevistas a Octavio Paz que cotejo para su reedición. Me duelen ya la manos de aferrarme al asiento, esa borrosa patria de las pompas.
Yo no puedo ir a leer, el texto al que le traigo ganas, hasta que junte en una página las moscas que duermen en la tarde.
Yo no puedo ir a leer, el texto al que le traigo ganas, hasta que junte en una página las moscas que duermen en la tarde.
viernes, 2 de agosto de 2013
jueves, 18 de julio de 2013
jueves, 11 de julio de 2013
MI CACHITO DE CIELO
(Xhevdet Bajraj, El tamaño del dolor, México: Era/Conaculta/Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2005).
Todos hemos vivido, o viviremos, un dolor que nos sobrepase y nos sumerja en una densidad gelatinosa. Después de esta revolcada algunos lograrán ponerse en pie, pero otros no dejarán de tropezarse. No dudo que los diversos resultados de una experiencia trágica dependen del carácter de cada quien, pero creo que también las circunstancias y la suerte influyen en la actitud que tomemos ante las calamidades.
Quienes expresan lo que vivieron tal vez experimentan alivio al desechar la sentina que los asfixiaba. El tamaño del dolor, un poemario sobre las vivencias y memorias de la guerra de Kosovo, nos enfrenta a la preguntas de ¿cómo leer y escribir acerca de los poemas que nos cuentan desastres?, e ¿importará en nuestro comentario el hecho de que el autor escriba en una lengua que no es la de su nacimiento? Por supuesto, sólo la lectura del texto, de lo que nos dice y de cómo lo hace, nos dará las respuestas.
En El tamaño del dolor de Xhevdet Bajraj las características epitextuales mencionadas no merman la calidad literaria de la obra sino que la sellan con un tono opaco e imágenes deslumbrantes en verso libre. Porque este libro nos acerca a una voz que describe la angustia cotidiana de vivir en guerra, leer El tamaño del dolor es transitar por un túnel iluminado, de cuando en cuando, por ráfagas de luz; pero sobre todo, es recordar que hay realidades de pesadilla: “Mi sueño [el asalto a su casa durante la noche y la impotencia del soñante para defender a su esposa y a sus niños] vigilia de quién era” (32).
Imágenes que, aunque abstractas, nos conmueven. Aquí varios fragmentos: “el aliento del diablo / hace palidecer los colores del día” (20); o estos de “Asesinos en serie” donde se describe la mañana posterior al día de la ocupación: “Llega la mañana vestida de blanco / Como la vieja bailarina borracha / Recoge por las plazas palomas asesinadas / La gente despierta despacio / Quien no se orinó en el sueño / Se orina ahora” (22); o como la escena en que un niño protege el cuerpo de su padre para evitar que lo golpeen: “Dejó atrás su infancia asesinada se arrojó sobre su padre / Los negros toletes se quedaron en el aire como ramas estiradas de la muerte…” (27).
Y tal vez, del mismo modo en que el niño defiende al padre, la voz lírica escuda al niño de la realidad exterior dejándolo soñar: “Sonríes en sueños / Mi pequeño mi único / Afuera cae nieve / Que calienta las tumbas nuevas […] Si tu abuelo es un perseguido político / Tú sueña que te toma en su regazo / Si han echado a tu padre del trabajo / Tú sueña el beso el chicle que te traje / Si tu mamá no puede titularse / Porque cerraron la universidad / Tú sueña su bata blanca / Su rostro de ángel / Olvida aviones policías muertos apaleados / Tú aún no has cumplido cinco años mi pequeño / Tú tienes derecho a soñar /Soñar / Soñar/ Soñar /Maldita sea” (31).
Aunque el tono sombrío cambia poco a poco conforme nos acercamos al final del libro y la experiencia de vivir en México aflora en los textos: “A la salud de mis padres / A veces bebo tequila / Fuerte como lágrimas / Para quitarle la sed / A mis versos” (94), o “Domestico versos salvajes / Y los siembro en el fondo del río / Para que cuando llegue mi última noche / Broten sobre mi tumba / Se entiende… / Si todavía tienen / Güevos” (95); en El tamaño del dolor la voz lírica aún está exiliada y por esto escribe: “El tamaño del dolor / Tiene mi talla” (100).
El tamaño del dolor es un poemario de la alienación que produce la violencia, así como de la presión de los horrores vividos. Es también el intento del autor por salir de esa barranca con versos que le permitan limpiar el cielo de sus recuerdos, para poder escribir sobre otros temas y en otro registro: uno que se vislumbra en esos poemas de México, en los que habita el humor y con los que, lentamente, se va dispersando la tormenta: “Yo / Yo bien sé lo que busco / Hasta morir en el escenario abierto del teatro de la calle / Quiero luz / Quiero libre mi cachito de cielo” (93).
Puede leer otras reseñas acerca de la obra de este autor en Periódico de Poesía.
Sobre El tamaño del dolor, en: http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=110&Itemid=81 , y una excelente de Héctor Carreto sobre Temporada de las flores tristes. Tezcatilipoca Blues, en:
http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=1465&Itemid=81
(Xhevdet Bajraj, El tamaño del dolor, México: Era/Conaculta/Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2005).
Todos hemos vivido, o viviremos, un dolor que nos sobrepase y nos sumerja en una densidad gelatinosa. Después de esta revolcada algunos lograrán ponerse en pie, pero otros no dejarán de tropezarse. No dudo que los diversos resultados de una experiencia trágica dependen del carácter de cada quien, pero creo que también las circunstancias y la suerte influyen en la actitud que tomemos ante las calamidades.
Quienes expresan lo que vivieron tal vez experimentan alivio al desechar la sentina que los asfixiaba. El tamaño del dolor, un poemario sobre las vivencias y memorias de la guerra de Kosovo, nos enfrenta a la preguntas de ¿cómo leer y escribir acerca de los poemas que nos cuentan desastres?, e ¿importará en nuestro comentario el hecho de que el autor escriba en una lengua que no es la de su nacimiento? Por supuesto, sólo la lectura del texto, de lo que nos dice y de cómo lo hace, nos dará las respuestas.
En El tamaño del dolor de Xhevdet Bajraj las características epitextuales mencionadas no merman la calidad literaria de la obra sino que la sellan con un tono opaco e imágenes deslumbrantes en verso libre. Porque este libro nos acerca a una voz que describe la angustia cotidiana de vivir en guerra, leer El tamaño del dolor es transitar por un túnel iluminado, de cuando en cuando, por ráfagas de luz; pero sobre todo, es recordar que hay realidades de pesadilla: “Mi sueño [el asalto a su casa durante la noche y la impotencia del soñante para defender a su esposa y a sus niños] vigilia de quién era” (32).
Imágenes que, aunque abstractas, nos conmueven. Aquí varios fragmentos: “el aliento del diablo / hace palidecer los colores del día” (20); o estos de “Asesinos en serie” donde se describe la mañana posterior al día de la ocupación: “Llega la mañana vestida de blanco / Como la vieja bailarina borracha / Recoge por las plazas palomas asesinadas / La gente despierta despacio / Quien no se orinó en el sueño / Se orina ahora” (22); o como la escena en que un niño protege el cuerpo de su padre para evitar que lo golpeen: “Dejó atrás su infancia asesinada se arrojó sobre su padre / Los negros toletes se quedaron en el aire como ramas estiradas de la muerte…” (27).
Y tal vez, del mismo modo en que el niño defiende al padre, la voz lírica escuda al niño de la realidad exterior dejándolo soñar: “Sonríes en sueños / Mi pequeño mi único / Afuera cae nieve / Que calienta las tumbas nuevas […] Si tu abuelo es un perseguido político / Tú sueña que te toma en su regazo / Si han echado a tu padre del trabajo / Tú sueña el beso el chicle que te traje / Si tu mamá no puede titularse / Porque cerraron la universidad / Tú sueña su bata blanca / Su rostro de ángel / Olvida aviones policías muertos apaleados / Tú aún no has cumplido cinco años mi pequeño / Tú tienes derecho a soñar /Soñar / Soñar/ Soñar /Maldita sea” (31).
Aunque el tono sombrío cambia poco a poco conforme nos acercamos al final del libro y la experiencia de vivir en México aflora en los textos: “A la salud de mis padres / A veces bebo tequila / Fuerte como lágrimas / Para quitarle la sed / A mis versos” (94), o “Domestico versos salvajes / Y los siembro en el fondo del río / Para que cuando llegue mi última noche / Broten sobre mi tumba / Se entiende… / Si todavía tienen / Güevos” (95); en El tamaño del dolor la voz lírica aún está exiliada y por esto escribe: “El tamaño del dolor / Tiene mi talla” (100).
El tamaño del dolor es un poemario de la alienación que produce la violencia, así como de la presión de los horrores vividos. Es también el intento del autor por salir de esa barranca con versos que le permitan limpiar el cielo de sus recuerdos, para poder escribir sobre otros temas y en otro registro: uno que se vislumbra en esos poemas de México, en los que habita el humor y con los que, lentamente, se va dispersando la tormenta: “Yo / Yo bien sé lo que busco / Hasta morir en el escenario abierto del teatro de la calle / Quiero luz / Quiero libre mi cachito de cielo” (93).
Puede leer otras reseñas acerca de la obra de este autor en Periódico de Poesía.
Sobre El tamaño del dolor, en: http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=110&Itemid=81 , y una excelente de Héctor Carreto sobre Temporada de las flores tristes. Tezcatilipoca Blues, en:
http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=1465&Itemid=81
――Atado al potro de la voz
Coge ya la piñata de los picos pero no la rompas,
sus haces asen tus testículos pero no te dejes
aguanta, ni aunque aprietes el bat con las manos
y sepas que te puedes quitar la venda de los ojos no
rompas la piñata, suéltala ―no la estás tocando― pero
el deseo de romperla y quebrar te envuelve como el sueño
como todo lo que olvidas y liebremente escapa a la mirada del
cazador.
Que otros la rompan permite, los tecojotes y las cañas caerán como sea
y entonces podrás, en mejor postura y sin velos: cogerlos.
Coge ya la piñata de los picos pero no la rompas,
sus haces asen tus testículos pero no te dejes
aguanta, ni aunque aprietes el bat con las manos
y sepas que te puedes quitar la venda de los ojos no
rompas la piñata, suéltala ―no la estás tocando― pero
el deseo de romperla y quebrar te envuelve como el sueño
como todo lo que olvidas y liebremente escapa a la mirada del
cazador.
Que otros la rompan permite, los tecojotes y las cañas caerán como sea
y entonces podrás, en mejor postura y sin velos: cogerlos.
viernes, 3 de mayo de 2013
EmPaztándome
Dos libros que iluminan la obra y vida de Paz recientemente publicados por el Fondo de Cultura Económica: Octavio Paz: el poema como caminata de Hugo J. Verani, y Octavio Paz: en la deriva de la modernidad de Jaques Lafaye. El primero es un repaso intuitivo y certero de la imagen del camino, y del andar, en la poesía de Paz: caminar como escribir, leer y amar es ir al encuentro de nosotros mismos. En este libro Verani se muestra como el gran conocedor de la obra de y sobre Paz. Se agradece, por esto, que comparta sus años de trabajo y nos regale, aunque en pocas gotas, ideas que Paz le comunicó.
Este conocimiento de Paz está presente también en el libro de Lafaye, que reúne siete ensayos donde se estudia los ensayos de Paz. Desde El laberinto de la soledad hasta las ideas sobre arte que Paz expresó. Más histórico que crítico, este libro es recomendable para comprender el ambiente intelectual en el que se formó Paz durante su estancia en París.
Si algo hace falta, precisamente en los libros que se publican y publicarán para homenajear a Paz, es distancia crítica. No me refiero a criticar a Paz porque esté de moda hacerlo, sino de retomar sus escritos y leerlos sin prejuicios negativos o positivos con el fin de evaluarlos con seriedad. Porque, no hay que olvidarlo, los ensayos que han estudiado y criticado la obra de Paz son ellos, también, sujetos a crítica.
Este conocimiento de Paz está presente también en el libro de Lafaye, que reúne siete ensayos donde se estudia los ensayos de Paz. Desde El laberinto de la soledad hasta las ideas sobre arte que Paz expresó. Más histórico que crítico, este libro es recomendable para comprender el ambiente intelectual en el que se formó Paz durante su estancia en París.
Si algo hace falta, precisamente en los libros que se publican y publicarán para homenajear a Paz, es distancia crítica. No me refiero a criticar a Paz porque esté de moda hacerlo, sino de retomar sus escritos y leerlos sin prejuicios negativos o positivos con el fin de evaluarlos con seriedad. Porque, no hay que olvidarlo, los ensayos que han estudiado y criticado la obra de Paz son ellos, también, sujetos a crítica.
martes, 30 de abril de 2013
Hay un placer culpable en tender la ropa de mi familia y dejar de estudiar. Aunque sé que esto también es trabajo, lo veo como un descanso, a veces, porque escucho o veo programas culturales mientras tanto, o a los comentaristas de deportes si no hallo algo mejor. Y no me quejo, al contrario, mi deber es y qué bueno que lo hago, ¡faltaba más!, pero escribo para entender qué siento ahora que, a diferencia de otros días, me enojé con mi pareja antes de iniciar la talacha. Y entonces recuerdo la época en que yo no hacía nada como buen, o mal, hijo de familia. ¿Influye la discusión en la manera en que siento este quehacer? Un poco, sigo considerándolo mi deber, pero lo hago con menos concentración, como cuando tienes que estudiar en verano y por las ventanas el pasto verde relumbra y las parejas pasan con shorts y playeras, listas a disfrutar de la tarde.
Los chocolates con arándanos sirven para minar la molestia. Y así, al tiempo que deshago una tortuga en mi boca, me dispongo a oír poesía con menos desgano al tender nuestros calcetines, blusas, vestidos, playeras y calzones.
Los chocolates con arándanos sirven para minar la molestia. Y así, al tiempo que deshago una tortuga en mi boca, me dispongo a oír poesía con menos desgano al tender nuestros calcetines, blusas, vestidos, playeras y calzones.
miércoles, 24 de abril de 2013
MI CACHITO DE CIELO
(Xhevdet Bajraj, El tamaño del dolor, México: Era/Conaculta/Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2005).
Todos hemos vivido, o viviremos, un dolor que nos sobrepase y nos sumerja en una densidad gelatinosa. Después de esta revolcada algunos lograrán ponerse en pie, pero otros no dejarán de tropezarse. No dudo que los diversos resultados de una experiencia trágica dependen del carácter de cada quien, pero creo que también las circunstancias y la suerte influyen en la actitud que tomemos ante las calamidades.
Quienes expresan lo que vivieron tal vez experimentan alivio al desechar la sentina que los asfixiaba. El tamaño del dolor, un poemario sobre las vivencias y memorias de la guerra de Kosovo, nos enfrenta a la preguntas de ¿cómo leer y escribir acerca de los poemas que nos cuentan desastres?, e ¿importará en nuestro comentario el hecho de que el autor escriba en una lengua que no es la de su nacimiento? Por supuesto, sólo la lectura del texto, de lo que nos dice y de cómo lo hace, nos dará las respuestas.
En El tamaño del dolor de Xhevdet Bajraj las características epitextuales mencionadas no merman la calidad literaria de la obra sino que la sellan con un tono opaco e imágenes deslumbrantes en verso libre. Porque este libro nos acerca a una voz que describe la angustia cotidiana de vivir en guerra, leer El tamaño del dolor es transitar por un túnel iluminado, de cuando en cuando, por ráfagas de luz; pero sobre todo, es recordar que hay realidades de pesadilla: “Mi sueño [el asalto a su casa durante la noche y la impotencia del soñante para defender a su esposa y a sus niños] vigilia de quién era” (32).
Imágenes que, aunque abstractas, nos conmueven. Aquí varios fragmentos: “el aliento del diablo / hace palidecer los colores del día” (20); o estos de “Asesinos en serie” donde se describe la mañana posterior al día de la ocupación: “Llega la mañana vestida de blanco / Como la vieja bailarina borracha / Recoge por las plazas palomas asesinadas / La gente despierta despacio / Quien no se orinó en el sueño / Se orina ahora” (22); o como la escena en que un niño protege el cuerpo de su padre para evitar que lo golpeen: “Dejó atrás su infancia asesinada se arrojó sobre su padre / Los negros toletes se quedaron en el aire como ramas estiradas de la muerte…” (27).
Y tal vez, del mismo modo en que el niño defiende al padre, la voz lírica escuda al niño de la realidad exterior dejándolo soñar: “Sonríes en sueños / Mi pequeño mi único / Afuera cae nieve / Que calienta las tumbas nuevas […] Si tu abuelo es un perseguido político / Tú sueña que te toma en su regazo / Si han echado a tu padre del trabajo / Tú sueña el beso el chicle que te traje / Si tu mamá no puede titularse / Porque cerraron la universidad / Tú sueña su bata blanca / Su rostro de ángel / Olvida aviones policías muertos apaleados / Tú aún no has cumplido cinco años mi pequeño / Tú tienes derecho a soñar /Soñar / Soñar/ Soñar /Maldita sea” (31).
Aunque el tono sombrío cambia poco a poco conforme nos acercamos al final del libro y la experiencia de vivir en México aflora en los textos: “A la salud de mis padres / A veces bebo tequila / Fuerte como lágrimas / Para quitarle la sed / A mis versos” (94), o “Domestico versos salvajes / Y los siembro en el fondo del río / Para que cuando llegue mi última noche / Broten sobre mi tumba / Se entiende… / Si todavía tienen / Güevos” (95); en El tamaño del dolor la voz lírica aún está exiliada y por esto escribe: “El tamaño del dolor / Tiene mi talla” (100).
El tamaño del dolor es un poemario de la alienación que produce la violencia, así como de la presión de los horrores vividos. Es también el intento del autor por salir de esa barranca con versos que le permitan limpiar el cielo de sus recuerdos, para poder escribir sobre otros temas y en otro registro: uno que se vislumbra en esos poemas de México, en los que habita el humor y con los que, lentamente, se va dispersando la tormenta: “Yo / Yo bien sé lo que busco / Hasta morir en el escenario abierto del teatro de la calle / Quiero luz / Quiero libre mi cachito de cielo” (93).
Puede leer otras reseñas acerca de la obra de este autor en Periódico de Poesía.
Sobre El tamaño del dolor, en: http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=110&Itemid=81 , y una excelente de Héctor Carreto sobre Temporada de las flores tristes. Tezcatilipoca Blues, en:
http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=1465&Itemid=81 .
(Xhevdet Bajraj, El tamaño del dolor, México: Era/Conaculta/Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2005).
Todos hemos vivido, o viviremos, un dolor que nos sobrepase y nos sumerja en una densidad gelatinosa. Después de esta revolcada algunos lograrán ponerse en pie, pero otros no dejarán de tropezarse. No dudo que los diversos resultados de una experiencia trágica dependen del carácter de cada quien, pero creo que también las circunstancias y la suerte influyen en la actitud que tomemos ante las calamidades.
Quienes expresan lo que vivieron tal vez experimentan alivio al desechar la sentina que los asfixiaba. El tamaño del dolor, un poemario sobre las vivencias y memorias de la guerra de Kosovo, nos enfrenta a la preguntas de ¿cómo leer y escribir acerca de los poemas que nos cuentan desastres?, e ¿importará en nuestro comentario el hecho de que el autor escriba en una lengua que no es la de su nacimiento? Por supuesto, sólo la lectura del texto, de lo que nos dice y de cómo lo hace, nos dará las respuestas.
En El tamaño del dolor de Xhevdet Bajraj las características epitextuales mencionadas no merman la calidad literaria de la obra sino que la sellan con un tono opaco e imágenes deslumbrantes en verso libre. Porque este libro nos acerca a una voz que describe la angustia cotidiana de vivir en guerra, leer El tamaño del dolor es transitar por un túnel iluminado, de cuando en cuando, por ráfagas de luz; pero sobre todo, es recordar que hay realidades de pesadilla: “Mi sueño [el asalto a su casa durante la noche y la impotencia del soñante para defender a su esposa y a sus niños] vigilia de quién era” (32).
Imágenes que, aunque abstractas, nos conmueven. Aquí varios fragmentos: “el aliento del diablo / hace palidecer los colores del día” (20); o estos de “Asesinos en serie” donde se describe la mañana posterior al día de la ocupación: “Llega la mañana vestida de blanco / Como la vieja bailarina borracha / Recoge por las plazas palomas asesinadas / La gente despierta despacio / Quien no se orinó en el sueño / Se orina ahora” (22); o como la escena en que un niño protege el cuerpo de su padre para evitar que lo golpeen: “Dejó atrás su infancia asesinada se arrojó sobre su padre / Los negros toletes se quedaron en el aire como ramas estiradas de la muerte…” (27).
Y tal vez, del mismo modo en que el niño defiende al padre, la voz lírica escuda al niño de la realidad exterior dejándolo soñar: “Sonríes en sueños / Mi pequeño mi único / Afuera cae nieve / Que calienta las tumbas nuevas […] Si tu abuelo es un perseguido político / Tú sueña que te toma en su regazo / Si han echado a tu padre del trabajo / Tú sueña el beso el chicle que te traje / Si tu mamá no puede titularse / Porque cerraron la universidad / Tú sueña su bata blanca / Su rostro de ángel / Olvida aviones policías muertos apaleados / Tú aún no has cumplido cinco años mi pequeño / Tú tienes derecho a soñar /Soñar / Soñar/ Soñar /Maldita sea” (31).
Aunque el tono sombrío cambia poco a poco conforme nos acercamos al final del libro y la experiencia de vivir en México aflora en los textos: “A la salud de mis padres / A veces bebo tequila / Fuerte como lágrimas / Para quitarle la sed / A mis versos” (94), o “Domestico versos salvajes / Y los siembro en el fondo del río / Para que cuando llegue mi última noche / Broten sobre mi tumba / Se entiende… / Si todavía tienen / Güevos” (95); en El tamaño del dolor la voz lírica aún está exiliada y por esto escribe: “El tamaño del dolor / Tiene mi talla” (100).
El tamaño del dolor es un poemario de la alienación que produce la violencia, así como de la presión de los horrores vividos. Es también el intento del autor por salir de esa barranca con versos que le permitan limpiar el cielo de sus recuerdos, para poder escribir sobre otros temas y en otro registro: uno que se vislumbra en esos poemas de México, en los que habita el humor y con los que, lentamente, se va dispersando la tormenta: “Yo / Yo bien sé lo que busco / Hasta morir en el escenario abierto del teatro de la calle / Quiero luz / Quiero libre mi cachito de cielo” (93).
Puede leer otras reseñas acerca de la obra de este autor en Periódico de Poesía.
Sobre El tamaño del dolor, en: http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=110&Itemid=81 , y una excelente de Héctor Carreto sobre Temporada de las flores tristes. Tezcatilipoca Blues, en:
http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=1465&Itemid=81 .
martes, 23 de abril de 2013
domingo, 14 de abril de 2013
sábado, 13 de abril de 2013
domingo, 7 de abril de 2013
viernes, 5 de abril de 2013
"Unito a unito", como diría Marina, mi amiga, aclaro en mi caótica mente, las señas (Orso durme frente a mí, sus ojos luchan por no resbalarse en la pista helada del sueño), no escribiré sólo de libros recién publicados, sino de los libros que acabo de leer y que, por ello, son novedades para mí. Antiguas novedades, tal vez, pero desde mi perspectiva. (Venció Orso, sus ojos no patinaron, hacen piruetas ahora y debo irme a admirarlo).
Leo las definiciones de señalar y saña y no dudo que estos escritos en volandas tendrán algo de ambas. De la primera, para distinguir una obra de otra y recordarlas (aunque sólo sea en mi mente), y de la otra para redactar con entusiasmo. No, espero, a medias tintas sino descargando, sea para machar la pantalla. la bilis en su primera acepción, a fin de digerir mis lecturas y no de alzar la voz de manera irracional.
Habrá señas incompletas, otras hechas en la cama y otras que ni sé. Pero habrá como granos en reloj de arena. Porque el tiempo y el número de palabras son las limitaciones que las circundan y posibilitan: no más de mil vocablos ni más de tres horas de trabajo por seña, porque tengo que comer y justificar mi sueldo y los saldos de las señas, aunque enseñan y me nutren, ignoro si positivos o lo contrario serán.
Habrá señas incompletas, otras hechas en la cama y otras que ni sé. Pero habrá como granos en reloj de arena. Porque el tiempo y el número de palabras son las limitaciones que las circundan y posibilitan: no más de mil vocablos ni más de tres horas de trabajo por seña, porque tengo que comer y justificar mi sueldo y los saldos de las señas, aunque enseñan y me nutren, ignoro si positivos o lo contrario serán.
Señas
Si una reseña consiste en evidenciar lo esencial de una obra, en expresar juicios sustentados acerca de ella y en opinar, en fin, en decir si la obra vale la pena y en justificarlo, lo que sigue no son reseñas sino señas. Primero porque su objeto no es una obra sino una lectura, es decir, mi percepción, ideas y reacciones ante lo leído u observado. Segundo, porque la estructura de las se~nas estará determinada por los factores aleatorios del momento en que escriba: hora, estado de ánimo, concentración al leer la obra. Y, tercero, porque esta conciencia de que escribo sobre una lectura y no acerca de una obra indica al lector que mis palabras no son la neta del planeta, y eso a mí me reconforta. Otra característica de estas señas es que se escribirán de una sentada y pocas horas después de haber leído el texto o percibido la obra. Y los últimos distingos de estos textos desechables son su función de servir como ejercicios de escritura y su anhelo de ser consumidos, así como el desali~nado hecho de que escribo en una Tablet y que, por lo mismo, algunas letras no puedo ponerlas con facilidad, como la muy usada en este texto: . (Y, por lo cual, les ofrezco una disculpa).
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