martes, 30 de abril de 2013

Hay un placer culpable en tender la ropa de mi familia y dejar de estudiar. Aunque sé que esto también es trabajo, lo veo como un descanso, a veces, porque escucho o veo programas culturales mientras tanto, o a los comentaristas de deportes si no hallo algo mejor. Y no me quejo, al contrario, mi deber es y qué bueno que lo hago, ¡faltaba más!, pero escribo para entender qué siento ahora que, a diferencia de otros días, me enojé con mi pareja antes de iniciar la talacha. Y entonces recuerdo la época en que yo no hacía nada como buen, o mal, hijo de familia. ¿Influye la discusión en la manera en que siento este quehacer? Un poco, sigo considerándolo mi deber, pero lo hago con menos concentración, como cuando tienes que estudiar en verano y por las ventanas el pasto verde relumbra y las parejas pasan con shorts y playeras, listas a disfrutar de la tarde.

Los chocolates con arándanos sirven para minar la molestia. Y así, al tiempo que deshago una tortuga en mi boca, me dispongo a oír poesía con menos desgano al tender nuestros calcetines, blusas, vestidos, playeras y calzones.

miércoles, 24 de abril de 2013

MI CACHITO DE CIELO

(Xhevdet Bajraj, El tamaño del dolor, México: Era/Conaculta/Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2005).

Todos hemos vivido, o viviremos, un dolor que nos sobrepase y nos sumerja en una densidad gelatinosa. Después de esta revolcada algunos lograrán ponerse en pie, pero otros no dejarán de tropezarse. No dudo que los diversos resultados de una experiencia trágica dependen del carácter de cada quien, pero creo que también las circunstancias y la suerte influyen en la actitud que tomemos ante las calamidades.

Quienes expresan lo que vivieron tal vez experimentan alivio al desechar la sentina que los asfixiaba. El tamaño del dolor, un poemario sobre las vivencias y memorias de la guerra de Kosovo, nos enfrenta a la preguntas de ¿cómo leer y escribir acerca de los poemas que nos cuentan desastres?, e ¿importará en nuestro comentario el hecho de que el autor escriba en una lengua que no es la de su nacimiento? Por supuesto, sólo la lectura del texto, de lo que nos dice y de cómo lo hace, nos dará las respuestas.

En El tamaño del dolor de Xhevdet Bajraj las características epitextuales mencionadas no merman la calidad literaria de la obra sino que la sellan con un tono opaco e imágenes deslumbrantes en verso libre. Porque este libro nos acerca a una voz que describe la angustia cotidiana de vivir en guerra, leer El tamaño del dolor es transitar por un túnel iluminado, de cuando en cuando, por ráfagas de luz; pero sobre todo, es recordar que hay realidades de pesadilla: “Mi sueño [el asalto a su casa durante la noche y la impotencia del soñante para defender a su esposa y a sus niños] vigilia de quién era” (32).

Imágenes que, aunque abstractas, nos conmueven. Aquí varios fragmentos: “el aliento del diablo / hace palidecer los colores del día” (20); o estos de “Asesinos en serie” donde se describe la mañana posterior al día de la ocupación: “Llega la mañana vestida de blanco / Como la vieja bailarina borracha / Recoge por las plazas palomas asesinadas / La gente despierta despacio / Quien no se orinó en el sueño / Se orina ahora” (22); o como la escena en que un niño protege el cuerpo de su padre para evitar que lo golpeen: “Dejó atrás su infancia asesinada se arrojó sobre su padre / Los negros toletes se quedaron en el aire como ramas estiradas de la muerte…” (27).

Y tal vez, del mismo modo en que el niño defiende al padre, la voz lírica escuda al niño de la realidad exterior dejándolo soñar: “Sonríes en sueños / Mi pequeño mi único / Afuera cae nieve / Que calienta las tumbas nuevas […] Si tu abuelo es un perseguido político / Tú sueña que te toma en su regazo / Si han echado a tu padre del trabajo / Tú sueña el beso el chicle que te traje / Si tu mamá no puede titularse / Porque cerraron la universidad / Tú sueña su bata blanca / Su rostro de ángel / Olvida aviones policías muertos apaleados / Tú aún no has cumplido cinco años mi pequeño / Tú tienes derecho a soñar /Soñar / Soñar/ Soñar /Maldita sea” (31).
Aunque el tono sombrío cambia poco a poco conforme nos acercamos al final del libro y la experiencia de vivir en México aflora en los textos: “A la salud de mis padres / A veces bebo tequila / Fuerte como lágrimas / Para quitarle la sed / A mis versos” (94), o “Domestico versos salvajes / Y los siembro en el fondo del río / Para que cuando llegue mi última noche / Broten sobre mi tumba / Se entiende… / Si todavía tienen / Güevos” (95); en El tamaño del dolor la voz lírica aún está exiliada y por esto escribe: “El tamaño del dolor / Tiene mi talla” (100).

El tamaño del dolor es un poemario de la alienación que produce la violencia, así como de la presión de los horrores vividos. Es también el intento del autor por salir de esa barranca con versos que le permitan limpiar el cielo de sus recuerdos, para poder escribir sobre otros temas y en otro registro: uno que se vislumbra en esos poemas de México, en los que habita el humor y con los que, lentamente, se va dispersando la tormenta: “Yo / Yo bien sé lo que busco / Hasta morir en el escenario abierto del teatro de la calle / Quiero luz / Quiero libre mi cachito de cielo” (93).

Puede leer otras reseñas acerca de la obra de este autor en Periódico de Poesía.
Sobre El tamaño del dolor, en: http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=110&Itemid=81 , y una excelente de Héctor Carreto sobre Temporada de las flores tristes. Tezcatilipoca Blues, en:
http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=1465&Itemid=81 .




martes, 23 de abril de 2013

domingo, 14 de abril de 2013

Hoy volví a comprar dos libros, que no sé si leeré, y para los que no tenía dinero reservado. Ya debo dejar de gastarme lo que no tengo y leer mejor lo que debo. Pero no tengo remedio.

sábado, 13 de abril de 2013

Por la luz de abril embriagada
esta buganvilia en la banqueta
se cayó de tinto.
13.04.2013


Embriagada por el sol de abril
esta flor en la banqueta
se cae de buganvilia.
15.04.2013

domingo, 7 de abril de 2013

Las burbujas salieron de su aliento al doblar la esquina y los ojos de su hijo sonrieron. Él interrumpía con su "Yo" estentóreo casi cada palabra que se dijo en la mesa. (No sabía que perder el hilo fuera tan gozoso).

viernes, 5 de abril de 2013

"Unito a unito", como diría Marina, mi amiga, aclaro en mi caótica mente, las señas (Orso durme frente a mí, sus ojos luchan por no resbalarse en la pista helada del sueño), no escribiré sólo de libros recién publicados, sino de los libros que acabo de leer y que, por ello, son novedades para mí. Antiguas novedades, tal vez, pero desde mi perspectiva. (Venció Orso, sus ojos no patinaron, hacen piruetas ahora y debo irme a admirarlo).
Leo las definiciones de señalar y saña y no dudo que estos escritos en volandas tendrán algo de ambas. De la primera, para distinguir una obra de otra y recordarlas (aunque sólo sea en mi mente), y de la otra para redactar con entusiasmo. No, espero, a medias tintas sino descargando, sea para machar la pantalla. la bilis en su primera acepción, a fin de digerir mis lecturas y no de alzar la voz de manera irracional.

Habrá señas incompletas, otras hechas en la cama y otras que ni sé. Pero habrá como granos en reloj de arena. Porque el tiempo y el número de palabras son las limitaciones que las circundan y posibilitan: no más de mil vocablos ni más de tres horas de trabajo por seña, porque tengo que comer y justificar mi sueldo y los saldos de las señas, aunque enseñan y me nutren, ignoro si positivos o lo contrario serán.

Señas

Si una reseña consiste en evidenciar lo esencial de una obra, en expresar juicios sustentados acerca de ella y en opinar, en fin, en decir si la obra vale la pena y en justificarlo, lo que sigue no son reseñas sino señas. Primero porque su objeto no es una obra sino una lectura, es decir, mi percepción, ideas y reacciones ante lo leído u observado. Segundo, porque la estructura de las se~nas estará determinada por los factores aleatorios del momento en que escriba: hora, estado de ánimo, concentración al leer la obra. Y, tercero, porque esta conciencia de que escribo sobre una lectura y no acerca de una obra indica al lector que mis palabras no son la neta del planeta, y eso a mí me reconforta. Otra característica de estas señas es que se escribirán de una sentada y pocas horas después de haber leído el texto o percibido la obra. Y los últimos distingos de estos textos desechables son su función de servir como ejercicios de escritura y su anhelo de ser consumidos, así como el desali~nado hecho de que escribo en una Tablet y que, por lo mismo, algunas letras no puedo ponerlas con facilidad, como la muy usada en este texto: . (Y, por lo cual, les ofrezco una disculpa).