lunes, 2 de diciembre de 2013
Cuidando a mi abuela Carmen
Junto a ti, en el hospital Adolfo López Mateos del ISSSTE, veo por la ventana las luces de las casitas en lo cerros. Casi árboles de navidad caídos. Tú, aunque en la cama, no estás caída. Así, en posición horizontal y con un rajada en el estómago, ya cicatrizando, reclamas, mientas madres, importunas como sabes hacerlo. Prefiero eso que balar y escurrir baba, a lo que tiendo. Recargo mis rodillas en un libro sobre Paz, y la cabeza en un brazo. Escucho el rumor de enfermeras y de los hombres que lavan el baño o se llevan la basura de los cuartos. Oigo el chirrido de los sofás en que los familiares de otros pacientes se mueven, dormidos o en duermevela. Me llamas, me gusta e incomoda que me llames. Me ordenas y suplicas a la vez, suplicas como otro modo de ordenar. No has comido en varios días, tienes suero, y ves en el líquido que sale de tu nariz y escurre por una sonda hacia una bolsita, sangre. No lo es, sale de tu estómago,pero no sé qué es. Que te quiero, que te mueva hacia atrás porque estás muy hacia la orilla, un poco más. Que te gire porque ya llevas mucho tiempo acostada sobre el brazo derecho, que te rasque la panza, que llame al camillero para que te gire porque yo no puedo. Me gusta ser útil. Quisiera serlo más, pero hago lo poco que puedo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario